lunes, 10 de agosto de 2026

Pueblos contra el extractivismo: Nuestros territorios no se negocian

Pueblos contra el extractivismo: Nuestros territorios no se negocian

En un contexto global marcado por la expansión del extractivismo neocolonial, el agravamiento de la emergencia climática y la profundización de la crisis socioecológica, se vuelve más urgente que nunca fortalecer los espacios de articulación entre las organizaciones, comunidades y pueblos que enfrentan la depredación capitalista. En este marco, la red internacional Pueblos contra el Extractivismo, cuyo lanzamiento se produjo en Belém (Brasil) en noviembre del año pasado, se ha configurado como un espacio vivo de articulación, resistencia y construcción colectiva, que agrupa diversas luchas sociales frente al despojo territorial.

Del 13 al 15 de mayo, en Bruselas, se ha llevado a cabo el segundo encuentro internacional de Pueblos contra el Extractivismo. En la capital europea nos hemos reunido una veintena de organizaciones de América Latina y Europa para fortalecer la coordinación y las líneas de acción política y social para los tiempos que vienen. Ante la ofensiva extractivista y el expolio de los territorios en busca de recursos minero-energéticos —especialmente en las periferias, pero también en los centros del planeta—, lo que se trata es de articular a nivel internacional las luchas comunitarias y populares que ya están en marcha para confrontar el avance del capitalismo verde militar.

Consenso verde militar

En esta nueva fase de acumulación capitalista se impone aún con más fuerza el saqueo de los pueblos y sus territorios, esta vez con la justificación de la transición energética y la digitalización. La necesidad de asegurar el suministro de las materias primas fundamentales para los nuevos nichos de negocio verdes y digitales, sumado a los requerimientos de minerales críticos para el complejo industrial-militar, ha llevado a los grandes poderes económico-financieros a redoblar la apuesta por el extractivismo.

En el capitalismo verde oliva y digital, la Unión Europea, Estados Unidos y China compiten por el control de los minerales fundamentales para el sostenimiento del metabolismo económico del centro capitalista. Este renovado paradigma capitalista, por una parte, reduce la complejidad de la transición ecosocial solo a la modificación de la matriz energética y, por otra, esconde quiénes pagarán sus costes para que las mencionadas potencias avancen hacia la descarbonización.

Para ello, necesitan crear nuevas zonas de sacrificio en las periferias, reproduciendo las lógicas históricas del colonialismo extractivista tradicional, aunque ahora revestidas de un discurso de sostenibilidad y greenwashing. Todo sin cuestionar la lógica del mercado, la estructura de propiedad, el crecimiento económico ilimitado y otras dinámicas que están en la raíz de la crisis socioecológica.

Por el contrario, el consenso verde militar refuerza la relación mercantilista y especulativa con la naturaleza, al mismo tiempo que desplaza los efectos nocivos del extractivismo y la crisis ecológica hacia otros territorios. En consecuencia, determinados pueblos y comunidades siguen asumiendo los impactos sociales, ambientales y laborales de este modelo, mientras los beneficios se siguen concentrando en muy pocas manos. Se mantiene, por tanto, una lógica de despojo y desigualdad en la que algunos territorios son considerados prescindibles para sostener un supuesto bien mayor, del cual las poblaciones y territorios afectados en ningún caso se beneficiarán.

En esta carrera acelerada por asegurar el acceso a las materias primas críticas, que garantiza un cambio tecnológico pero no supone ningún avance real en la transición ecosocial, la minería se erige actualmente como la expresión más violenta del extractivismo. Pero la ofensiva extractivista no se queda solo ahí, abarca también otros muchos sectores económicos: hidrocarburos, agronegocio, turismo, agua, entre otros.

Esta ofensiva extractivista conlleva, además del saqueo sistemático de los territorios y bienes comunes, la imposición de formas de dominación que incluyen la violencia, la criminalización de la protesta y el desplazamiento forzado, hasta el asesinato de defensores de los bienes comunes. Los territorios se convierten así en escenarios de conflicto, en los que los intereses económicos de las élites político-empresariales buscan imponerse sobre los derechos de los pueblos, afectando gravemente a las comunidades campesinas, indígenas y populares que históricamente han habitado, cuidado y defendido estos espacios.

En este contexto resurge la necesidad de fortalecer las propuestas de internacionalismo ecoterritorial, con el horizonte de articular resistencias y construir alternativas desde la diversidad de los pueblos que buscan construir otras lógicas de vida más allá de la maximización de los beneficios empresariales. Pueblos contra el Extractivismo se construye como un espacio que reconoce la pluralidad de identidades, saberes y formas de organización, que apuesta por la unidad en la diversidad para enfrentar un enemigo común que tiene como objetivo la destrucción de los territorios.

Articulación de luchas

Pueblos contra el Extractivismo nace de la sencilla constatación de que en lugares muy distintos del planeta se repite el mismo modus operandi: comunidades rurales, periféricas, indígenas, campesinas, afrodescendientes y populares se enfrentan a los mismos proyectos mineros, energéticos o agroindustriales, muchas veces impulsados por las mismas empresas transnacionales, y sin embargo esas luchas suelen estar aisladas entre sí. Sus objetivos políticos parten de una comprensión global del extractivismo, reforzada actualmente tanto por los requerimientos materiales de la transición energética como por la renovada ofensiva imperialista fósil, y analizando cómo sus efectos se visibilizan en los territorios, amenazan a los pueblos y todas las formas de vida, humana y no humana.

Con esta federación de luchas se trata de denunciar las dinámicas impulsadas por las grandes empresas y fondos de inversión transnacionales, así como a los Estados que las apoyan. Pero esta articulación se levanta, sobre todo, como una defensa activa de la vida, de la memoria, de los ecosistemas y del derecho fundamental a habitar un mundo justo y digno. Esta es una lucha que no solo tiene que ver con las personas que habitan los territorios más directamente afectados, sino que interpela a todas las sociedades porque lo que está en juego es el futuro de la vida en el planeta.

Los encuentros anuales de la red internacional Pueblos contra el Extractivismo se plantean como un espacio fundamental de convergencia política y organizativa, de diálogo, articulación y acción colectiva, orientado a fortalecer la organización de los pueblos, profundizar la solidaridad internacionalista y construir propuestas desde los sectores históricamente excluidos. Además de analizar las problemáticas comunes, se trata de proyectar horizontes de transformación en los que las voces de los pueblos sean protagonistas en la definición de otros modelos de economía y sociedad. Una apuesta por seguir tejiendo organización popular y alternativas desde abajo.

El encuentro de Bruselas, como sucedió en Belém (noviembre 2025) y tendrá lugar en los futuros encuentros, tuvo carácter formativo. Por un lado, se abordaron los contextos de los países de las organizaciones participantes: los desafíos frente a la nueva ola reaccionaria y gobiernos de extrema derecha (casos de Ecuador, Argentina, Turquía), así como los límites, contradicciones y retos de los progresismos (México, Colombia y el Estado español), poniendo de relieve la complejidad del escenario político internacional actual y las tensiones capitalistas que la democracia liberal no puede resolver.

Por otra parte, se habilitó un espacio de análisis crítico y discusión colectiva para profundizar en la comprensión del extractivismo, sus impactos en la construcción de alternativas, posibilitando herramientas para la acción en los respectivos territorios. También fue movilizador, vinculándose con las realidades locales de las organizaciones participantes e impulsando acciones concretas de incidencia, denuncia y resistencia, proyectándose hacia los territorios y fortaleciendo las luchas en curso. E igualmente tuvo un carácter articulador, orientado a consolidar las alianzas solidarias e internacionalistas entre las organizaciones comunitarias y las luchas populares.

Una amplia diversidad de procesos de lucha comunitaria y popular estuvieron representados en este segundo encuentro de Pueblos contra el Extractivismo. De Colombia, las luchas en defensa del agua y la tierra, en resistencia frente a la megaminería y en contra del fracking, a través del Congreso de los Pueblos. De Ecuador, las movilizaciones populares que han logrado parar megaproyectos, fortalecer las guardias indígenas y articularse contra la minería en torno al Frente Nacional Antiminero (FNA). De México, las experiencias de lucha frente a la expansión de megaproyectos como los del Tren Maya o el corredor del istmo de Tehuantepec, con la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo de Tehuantepec (UCIZONI). De Argentina, las luchas populares antiextractivistas ante el proceso de reprimarización de la economía, al igual que la defensa de los glaciares frente a la explotación minera y la disputa por las semillas y contra la apropiación de la tierra, con la participación de Marabunta-Tierra para Vivir. De Turquía, frente a los miles de proyectos mineros que están en marcha y resistiendo la fuerte criminalización de las activistas que se oponen a la megaminería, con Polen Ecology. Del Estado español, con Ecologistas en Acción y otros colectivos organizados vinculados a través de plataformas y redes comunes, enfrentando el boom minero que se ilustra, por ejemplo, con la reapertura de la mina de Aznalcóllar, que está movilizando a muy diferentes sectores (pescadores, comerciantes, turismo gastronómico) para evitar la contaminación del río Guadalquivir. En Portugal, mediante la articulación de las luchas sociales contra la mina de Covas do Barroso, que alberga las mayores reservas de litio en Europa y una empresa canadiense quiere empezar a explotar el año que viene.

Internacionalismo ecoterritorial

Los pueblos y las comunidades no pueden seguir esperando la buena voluntad de los gobiernos que promueven y defienden un sistema que sólo reinventa la fiebre extractivista. Al contrario: se trata de cuestionar la transición verde militar y desmontar el modelo de desarrollo erigido sobre la expansión global de las zonas de sacrificio, tanto en las periferias y semiperiferias como en los centros del planeta, construyendo alternativas que disputen las narrativas del progresismo capitalista y confronten a la extrema derecha.

Frente al despojo de los territorios, la militarización y la impunidad empresarial, esta red internacionalista se propone fortalecer la defensa del territorio como cuerpo vivo, porque el territorio no es un recurso: es la base material de la vida de las comunidades y la naturaleza que la habita y, en los casos de los pueblos originarios, la base espiritual de la vida. También el derecho a la resistencia, la autodefensa y a la autodeterminación de los pueblos, como pilares de la justicia ambiental y social. Y la construcción de alternativas comunitarias, como economías solidarias, autogobiernos, redes feministas y agroecológicas y otras muchas prácticas que promueven las organizaciones de base.

La lucha ha de comenzar desde el fortalecimiento de las organizaciones locales y nacionales, reforzando su autonomía, su capacidad de decisión y su vínculo con las bases comunitarias. Solo desde esa raíz podremos construir una verdadera articulación internacional de los pueblos que enfrente al modelo extractivista y colonial impuesto por las grandes corporaciones y gobiernos serviles. Esta articulación debe ser capaz de unir luchas que hoy se desarrollan aisladas, y convertirlas en una fuerza global por la vida, la justicia y la soberanía de los pueblos.

La solidaridad tiene que materializarse en acciones concretas que trasciendan los discursos. La cooperación solidaria entre pueblos es una herramienta poderosa para sostener las luchas locales con una perspectiva global. Un mapeo de las empresas extractivas presentes en los territorios, una campaña internacional específica contra una transnacional, unas brigadas que apoyen sobre el terreno a las organizaciones populares que están siendo criminalizadas por su oposición al avance de la frontera extractiva; estas son algunas de las líneas de trabajo que se acordaron en el encuentro y que se irán desarrollando en los próximos tiempos.

Pueblos contra el Extractivismo abre un horizonte de internacionalismo popular que va más allá de los marcos estatales y de las cumbres climáticas secuestradas por los *lobbies *corporativos. Interpela además, a repensar las transiciones ecosociales desde una perspectiva territorial, popular, ecofeminista y de justicia integral. En lugar de limitar la transición a un mero cambio tecnológico o energético, se propone fortalecer alternativas ya existentes basadas en la soberanía alimentaria, la energía comunitaria, las economías solidarias, el cuidado de los bienes comunes y el reconocimiento de los derechos de los pueblos y de la naturaleza, cuestionando los patrones de producción, consumo y poder que sostienen las desigualdades actuales.