En 2026 la Comisión Europea “revisará” la Directiva Marco de Agua (DMA) y no será para mejorarla. De hecho, una tarea pendiente es reducir sus debilidades, que las tiene. Entre otras, no fija caudales ecológicos de los ríos y permite excepciones “de interés público superior” por las que se han colado proyectos que han causado la pérdida de valles, ríos, acuíferos y fuentes naturales. Sin embargo, tal y como está, se ha utilizado en numerosas alegaciones, recursos judiciales y reuniones con la administración pública para frenar normas, planes y proyectos que suponían la destrucción ambiental.
¿Por qué la UE quiere debilitar la DMA? Porque la prioridad que supedita el resto de políticas en la UE siempre ha sido la competitividad de las corporaciones europeas y el crecimiento económico. En el contexto actual eso significa que ciertas normativas ambientales son una molestia. Ya en nuestra campaña “La UE no es como la pintan”2 se denunciaba la centralidad del proyecto neoliberal, con su énfasis en el crecimiento económico y la rentabilidad empresarial. Una buena muestra de ello han sido el Tratado de Maastricht, el de Lisboa, los acuerdos comerciales neocoloniales (de “libre comercio”), el austericidio de la troika en la crisis financiera de 2008 y las políticas migratorias. Hasta ahora, esta lógica ha convivido con la aprobación de legislación con la que intentar limitar parte de los daños socioecológicos, este sería el caso de la DMA, la Directiva Hábitats y la Directiva de Aves.
En el Pacto Verde Europeo, que marcó la anterior legislatura de la Comisión Europea, se pudo aprovechar la retórica ambiental para incorporar, con un trabajo enorme de organizaciones sociales, ecologistas y parte de la academia, normativas como el Reglamento de restauración de la naturaleza o la Directiva contra la deforestación importada. Pero el escenario geopolítico cambió con la invasión de Ucrania por Rusia y con el segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.
Hachazos de la UE
Las crecientes tensiones comerciales, militares y aquellas relacionadas con el acceso a materiales y energía fundamentales para el metabolismo económico ha sido respondida por la UE con un cambio de estrategia. La Agenda Estratégica 2024-2029 sitúa entre las prioridades, además de la perenne competitividad, la seguridad y la defensa. El discurso verde ha dejado de ser competitivo.
La forma de conseguir sus objetivos pasan por lo que llaman “revolución de la simplificación”.3 Se presenta de forma genérica como la reducción drástica de las cargas administrativas y reglamentarias a las empresas y se concreta en los paquetes ómnibus que presentan múltiples cambios en las directivas europeas. En realidad se trata de una serie de hachazos a las leyes que protegen la biodiversidad, el clima y la salud de las personas mediante un procedimiento más rápido y con menor participación ciudadana que los que requirieron las leyes originales. La Comisión Europea ha propuesto 10 paquetes ómnibus en 2025 y la intención de avanzar con más modificaciones en este año. Algunos de ellos son especialmente dañinos como se ve a continuación:
Es paradigmático cómo se dilatan los tiempos durante años cuando hay que aprobar una normativa que ayuda a frenar la crisis ecológica y en un solo año se ha presentado y se están poniendo en marcha multitud de cambios en numerosas leyes para la competitividad de las empresas europeas. Algo que ya ocurrió con la aprobación del Reglamento de materias primas fundamentales que impulsa la minería dentro y fuera de las fronteras europeas: se consiguió su aprobación en un tiempo récord.
Pasos para debilitar la protección de un bien común
En septiembre de 2025, la Presidencia del Consejo y los representantes del Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo político provisional para introducir varios cambios en la DMA. Actualizar la lista de contaminantes fue uno de ellos. Recientemente se ha traducido en la Directiva 2026/805 que contempla el seguimiento de un mayor número de productos farmacéuticos, plaguicidas, los bisfenoles y las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Pero, por otro lado, no es hasta 2039 cuando los Estados tienen que cumplir con esta normativa.4 Otro acuerdo político al que se llegó fue modificar el principio de no deterioro de los ecosistemas acuáticos introduciendo dos excepciones más: que se permita el deterioro temporal a corto plazo y que puedan darse casos en los que la contaminación se desplaza sin aumentar la carga global.5 La traducción del lenguaje técnico es que pueda existir legalmente mayores niveles de contaminación.
El acuerdo político pasó a formar parte del paquete ómnibus ambiental que se publicó en diciembre del año pasado. En él directamente se relacionan las excepciones con la necesidad de incrementar la minería dentro de la UE. Según la Comisión Europea hay que “Afrontar retos específicos en la aplicación de la Directiva Marco del Agua, teniendo en cuenta los objetivos del plan de acción REsourceEU para impulsar la autonomía estratégica de Europa y reducir la dependencia de las importaciones de materiales fundamentales”. Dicho de forma más sencilla, hay que asegurar el acceso a los minerales críticos que demanda la digitalización, la producción de armamento, las baterías y diferentes piezas de la producción de energía renovable.
Los plazos marcados por la UE apuntan al segundo semestre de 2026 como el momento en el que se presentarán los cambios propuestos. Para concretar qué recortes se va a hacer a la DMA se lanzó una consulta pública en la que la UE invitaba especialmente al “sector de las materias primas fundamentales a que aporten pruebas de los cuellos de botella y problemas específicos en la autorización de proyectos de estas materias derivados de la Directiva marco sobre el agua, y a que indiquen posibles ámbitos de simplificación”. Queda muy claro, entonces, por dónde van a ir los cambios.
La alarma sobre el debilitamiento de la DMA ha hecho que organizaciones y redes para la defensa de los ecosistemas acuáticos y el derecho humano al agua se hayan articulado en una campaña que ha creado el manifiesto “La reforma de la Directiva Marco del Agua rebaja la protección del agua en Europa y pone en riesgo la salud y el futuro”. El documento ha sido firmado por más de 250 entidades ecologistas, sociales, sindicales, políticas y académicas y fue presentado en el Congreso el pasado 20 de abril. En el manifiesto se señala cómo se han saltado los procedimientos acordados de revisión de la directiva y cómo la “flexibilización” va a incrementar el riesgo de contaminación, deterioro ecológico y afección a la salud de la ciudadanía. Esta fuerza colectiva va a seguir trabajando para la defensa y protección de los ríos, acuíferos y humedales que garantizan la disponibilidad de un bien básico para la vida.
Notas y bibliografía
1 Comisión Europea, “Simplificar para lograr una competitividad sostenible”, Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones, 10 de diciembre de 2025.
2 “La UE no es como la pintan” fue una campaña impulsada por Ecologistas en Acción junto con otras organizaciones en 2023, para más información en: https://www.ecologistasenaccion.org/295151/campana-la-union-europea-no-es-como-la-pintan/
3 Consejo Europeo, “Declaración de Budapest sobre el Nuevo Pacto para la Competitividad Europea”, 8 de noviembre de 2024.
4 La obligación de cumplir se lleva a 2033 en el caso de las sustancias con normas de calidad medioambiental revisadas y más estrictas en las aguas superficiales.
5 Consejo de la UE, “Contaminación del agua: el Consejo y el Parlamento alcanzan un acuerdo provisional para actualizar la lista de sustancias prioritarias en las aguas superficiales y subterráneas”, 23 de septiembre de 2025.
