lunes, 10 de agosto de 2026

A desarbolar la ciudad

A desarbolar la ciudad

Las razones esgrimidas para cometer semejantes arboricidios suelen ser variadas, alegando causas que en numerosas ocasiones no se corresponden con la realidad del problema a resolver. Suelen argumentar que los árboles levantan el pavimento, ensucian el suelo, están viejos, enfermos y son peligrosos para la ciudadanía. Sin embargo, estos problemas son consecuencia, la mayoría de las veces, de las podas salvajes a las que han sido sometidos durante años por los operarios municipales, a las condiciones de inhabitabilidad en alcorques exiguos o calles extremadamente estrechas para su normal desarrollo.

Los árboles urbanos confieren a los lugares donde habitan numerosos beneficios ecosistémicos, imprescindibles para nuestra vida y bienestar. Así, producen el oxígeno que respiramos, contribuyen a la reducción del consumo energético dando sombra en verano y permitiendo el paso del sol en invierno con la caída de las hojas, mejoran la calidad del aire al retener gases y partículas contaminantes, mantienen el suelo, regulan la humedad y contribuyen a la estabilidad del clima. Embellecen con sus flores y cromatismo primaveral y otoñal, son refugio de biodiversidad para la fauna urbana y hacen que la percepción de la ciudad sea más confortable y agradable, contribuyendo a mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas. A pesar de todos estos beneficios, en muchos proyectos de renovación urbana se plantea la sustitución de los ejemplares adultos por plantaciones de otros más jóvenes, a menudo con la intención de aumentar el número total, sin tener en cuenta que la conservación de la arboleda madura urbana es mucho más beneficiosa que su sustitución, incluso si se plantan un número mayor de ejemplares jóvenes en su lugar.

El árbol adulto es el más valiosoSon abundantes los datos científicos y estudios de casos que lo demuestran. David Nowak et al. (2002) en un estudio revelaron que un árbol maduro en una ciudad puede almacenar hasta 100 veces más carbono que un árbol joven de la misma especie. Igualmente, investigaciones realizadas en Central Park concluyeron en que contribuyen a la reducción de contaminantes del aire en un 40% más y la temperatura del parque es 3 grados Celsius más baja que las áreas urbanas circundantes. A conclusiones similares se han llegado en los estudios realizados en el Parque del Retiro de Madrid. Investigaciones en ciudades mediterráneas como Barcelona han demostrado que las zonas arboladas maduras experimentan temperaturas significativamente más bajas durante los meses de verano en comparación con áreas pobladas por árboles jóvenes (Gill et al., 2007).

El árbol adulto es el más valioso del sistema y, sin embargo, es el que más se elimina. Cuando se talan estos ejemplares, no se renueva la arboleda, sino que se reinicia y con ello se pierden décadas en un sólo corte. Aunque la conservación de árboles maduros es prioritaria, la plantación de árboles jóvenes debe considerarse como una estrategia complementaria, teniendo su lugar en la planificación urbana y en áreas que no afecten a los maduros, pudiendo servir para aumentar la densidad de la cubierta arbórea a largo plazo.

Otra cuestión por considerar es que, en ocasiones, los ejemplares eliminados son sustituidos por especies no idóneas para el lugar dónde se emplazan, sin tener en cuenta las necesidades arbóreas, dando como resultado que vuelvan a surgir los problemas que se pretendían eliminar con la tala. Para obtener árboles sanos, que constituyen el mayor aliado de una ciudad habitable, son necesarios criterios técnicos en la selección de especies, un emplazamiento adecuado, un manejo correcto desde el vivero y el respeto a la integridad biomecánica del árbol. Igualmente, los Planes de Gestión del Arbolado Urbano son una herramienta eficaz y eficiente de llevar a cabo la gestión más adecuada al contexto físico y social, unido a las formación específica de los operarios que realizan las podas.

Dada la complejidad del asunto, y del mismo modo que para realizar informes sobre edificios se requiere la intervención de arquitectos, en estos casos se debe exigir el dictamen de especialistas en Arboricultura con experiencia contrastada en arbolado urbano que evalúen el estado de la arboleda, así como la idoneidad de conservarla y la elección de nuevas especies a plantar, en su caso.

Sensibilización y Participación comunitaria

Es esencial reconocer y priorizar el valor de la arboleda madura para maximizar los beneficios ambientales y sociales, de vital importancia protegerlas. Las políticas urbanas deben centrarse en su conservación, siempre que sea posible. Esto incluye su protección legal, la implementación de programas de mantenimiento regulares y monitoreo continuo para garantizar su salud y longevidad. Paralelamente es fundamental educar a la población sobre los beneficios de este tipo de arboledas y la importancia de su conservación, por lo que Programas de Sensibilización y Participación comunitaria pueden fortalecer el apoyo público para estas iniciativas. En este sentido, resultaría adecuado un inventario de árboles y arboledas existentes en pueblos y ciudades, con buen desarrollo y antigüedad, elaborado con la colaboración ciudadana y, una vez finalizado, proponer al Consistorio Municipal su protección mediante medios municipales, para que de esta forma no se pueda atentar de manera impune a su maltrato o eliminación.

Los árboles son seres vivos, no son materia inerte, y hay que luchar contra la generalización de esta práctica para que, junto con las podas sistemáticas, no sigan siendo una herramienta habitual de gestión del arbolado urbano. Para los árboles de nuestro entorno es una cuestión de supervivencia, para nosotros, es una cuestión de equilibrio porque los árboles son nuestro marco de vida, nuestro paisaje.

BIBLIOGRAFIA